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noviembre 15, 2011

Salvar el país


¿Qué te voy a contar yo? La cosa está dura. Apenas y nos da para el lunch de los chavos y yo me tengo que fletar la mañana sin desayunar. Ya sé vieja, ya sé que el pinche dinero no crece en los árboles. Pero no sabes como me dió coraje ver a aquel chavillo tatuado, abajándose con un mísero botesito de cartón, pidiendo misercordia. Ese chavo podría traer perfectamente un cuerno de chivo en vez de aquel bote y amedrentarnos a todos: yo le hubiera dado de todos modos tu chivo vieja. Era uno de esos chavos que andan bien metidos en la droga, pero que no sé como acaban saliendo y rehabilitándose ¿Pos qué no ves que pa los tiempos que corren ese chavo es un héroe?

¡Ay vieja! me moría de ganas de comprarte ese perfume que me dijiste que tanto te gustaba, el de la vieja esa tilica que malgasta el dinero en pendejadas. Pero no pude contenerme cuando vi a esos juniors burlarse de aquel chavo. Para mí que los malos somos nosotros, la gente normal, ¡cómo se ateven a humillar al que se humilla chingao! Esos chavos se merecían mínimo un filerazo entre las costillas, que los llevaran al hospital más caro de torreón y que sus papis, seguramente divorciados, se cagaran de miedo cinco minutos y luego soltarán un cheque bien gordo por la salud de su hijito, y que esa misma noche estuvieran de vuelta en casa con una copa de Buchannans dieciocho entre las manos sentaditos en su sillón de cuero café. Y que el pinche chavillo pendejo probará por una noche por lo menos qué significa estar jodido, qué significa la vida real.

Pero nada de eso pasó, ¿me entiendes? El pobre ex-drogadicto seguía teniendo el huevo reventado que le aventaron los pinches juniors en su camiseta; y yo el billete de quinientos que le acababa de cobrara a mi compadre Beto. ¡Pero no me pongas esas jetas carajo! ¡si acabamos de dar un pasito para salvar el país!

octubre 28, 2011

El don del escritor frustrado


He aquí la historia de un hombre que tenía la más intima inquietud por ser un escritor como lo fuese el gran Cervantes o el sufrido Dostoievski. Mirósele estudiar con ahínco la filología y los escritos académicos de estos dos autores, mirósele estudiar a fondo la técnica de la escritura en la mejor universidad inglesa. Mirósele de profesor de filología, movió cielo mar y tierra. Hasta que descubrió que no era suya la decisión de ser para la gloria. Que los grandes tenían -y eran- un don, y uno grande. Los libros y su trabajo honesto le ayudaron a ver esto. Y ya en la dulce vejez, fruto de un esforzado trabajo de la más alta potencia humana, se le vió escribir los versos más bellos, ya no a la gloria, sino a su mujer, que una vez muerta, intercedió ante el Sublime por el don para su marido; [ella le acompaño en la vida en su sufrida persecusión del don, y supo -porque le quiso bien-que ese anhelo íntimo no era vanagloria sino constitutivo de su alma]. 

Los poemas más bellos que escribió este viejo profesor, nunca fueron publicados. Fueron exhumados en un delirio de amor, en un arrebato de éxtasis, en el funeral de su señora esposa.

octubre 08, 2011

Paguí



Princesa de pueblo, que recibió todo lo que quiso en la vida, sale del pueblo con dinero de papá para abrirse a la vida, al mundo. Sus inquietudes pueriles, cierta ansia de autenticidad1, y una película que vio en algun momento de su accidentada pre-adolescencia, le llevaron a soñar con París, (íntimamente, pero no ande usted diciéndolo por ahí, también con el amor de su vida, con el amor de su vida en París). Y así como así, un año en Europa estudiando moda. En la ciudad de l'amour, “Paguí”.

La humanidad ha avanzado tanto que ya ni siquiera hace falta una gran educación para convertirse en un bohemio, lo único que hace falta es dinero. El dinero compra ya hasta la experiencia de la vida. Una desdichadada muchachita cuyo padre es más bien de ingresos medianos es incapaz de acceder a las más finas experiencias. Le es privado el nutrir su vida espiritual con el viaje, con la excentricidad, con los absentas en casa de franceses millonarios, con las conversaciones con los amigos artistas de estos millonarios, que pintan sus cuadros con tripas de vaca y se les paga en millares de euros por obra. Los modestos no son capaces de experimentar el vértigo de las drogas de diseño, nunca han ido a la parte 'vi-ai-pí' de una discoteca, hablan solo su idioma y un inglés modesto... “osea, tienen una clase de vida inferior”.

La vida modesta, la escasez de recursos, impide plantearse la pregunta por la libertad, cosa que a princesa de pueblo nunca le fue prohibido. Así fue como la única ilusión que le regaló su infancia tóxica, su formación de embotamiento de los sentidos, le fue arrebatada nada mas conocer al primer príncipe parisino. El desengaño vino habitando sus ojos cuando se bajó del aeropuerto del pueblo. Se supo en el pueblo que tras ese año en Europa, la niña llego cambiada, que había progresado mucho, llego con 'ideas' del extranjero. El pueblo le quedaba chico, el mundo le quedaba chico: no hay dónde esconderse en un mundo en donde no existe el amor. Desde entonces, princesa de pueblo sufre un infierno de maquillajes corridos, resacas dominicales y desengaños; de la soledad, del horror del ser. Una hydra inexistente le devora las entrañas.

1 de substancialidad detrás de la apariencia   

marzo 03, 2011

El vendedor frustrado


“Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza.” 
Rilke

Si se pude decir que el hombre es a veces contradictorio, esto mismo se puede decir con toda razón de Elías. El pobre tenía una consciencia moral tan fuerte que lo oprimía hasta asfixiarlo, lo encadenaba. El drama de toda su vida fue tener al mismo tiempo que sus cadenas morales, un "alma de poeta". No se podía conformar, no, él lo sabía bien, no era de los que podían conformarse con un simpático puesto en una fábrica de coches; o con un maletín pintoresco y un: “¡Buenos días señora! Vengo a ofrecerle ésta nueva escoba…”; lo supo desde pequeño, su vida tenía que ser grandiosa, o no podría ser en absoluto ¡Cómo odiaba a veces su carácter!, ¡cómo se desesperaba consigo mismo! Por eso terminó por negar un lado, el más incómodo, y desde entonces no se preocupó más y se dedicó a ser poeta.

Era un tipo listo, y lo sabía. Sin embargo no lo suficientemente listo como para saber que los genios no existen. Inocente se sintió único, incomprendido, genial, destinado a una vida bohemia de arrebatos y grandezas esporádicas. Se convirtió en el héroe romántico de París con su boinita y sus cafés agnósticos. Y conoció a un hombre que le resolvió la vida con tal de que, de vez en cuando, dijera un par de mentiras.

Pero un día se enamoró.

Y entonces ni las fábricas, ni las escobas, ni siquiera la idea de tener un jefe le parecieron tan malas. Y se volvió vulnerable, y se enteró de la vida real. Y un buen día, con los restos del apasionado romanticismo que le quedaban aún, sintió unas ganas tremendas de arrodillarse delante del hombre que le atendía en el banco, y pedirle perdón. Y besarle los pies. Y dejar la política. Pero era muy tarde, no servía ni para vender escobas.

marzo 01, 2011

Desventajas de la eficiencia


Con tan sólo diecisiete años, Jacobo era ya la persona más pragmática que habían parido las épocas. Decidió, en un golpe de luz, adelantar el resultado al que se supo encaminado desde siempre.
              
Sus padres lo encontraron colgado con pulcritud en la mitad de su habitación. Sus pertenencias personales estaban cuidadosamente guardadas al lado de una carta. En ella se explicaba meticulosamente porque era más ventajoso para la especie y la sociedad, que él, apenas en los albores de la edad reproductiva, cesara de existir. Los motivos no los expondremos porque la carta nunca se encontró. Aunque hay diversas teorías de diversos estudiosos, la que más convence a este humilde escritor de micro relatos es la que dice que su padre, en un arranque de impotencia, destruyó la carta. Pero eso nunca lo sabremos.

noviembre 26, 2010

Fragmento

Estaba el pobre escritor sentado delante del monitor. Intentaba escribir un buen microrelato: no lo conseguía.

mayo 10, 2010

Los olvidados

Violentado, Federico se despidió de la recepcionista con una sonrisa ajena. El sonido de sus zapatillas al rozar el mármol, el olor a formoles, los abuelos bondadosos y los niños con anginas, suscitaban en Federico cierta noción de higiene y decoro. Él se sabía ajeno a todo esto. No era ya una persona respetable, digna de participar en la dinámica de la gente correcta. No quiso mirar aquel niño que jugaba con su padre a la salida del hospital, le dio miedo mancharlo. Abstraído, desplegó el papelito amarillento y arrugado que llevaba en el bolsillo. Volvió a leer incrédulo la palabra maldita: ‘seropositivo’. Había entrado a aquel hospital para donar vida, salió convencido de que su vida no podía entregársela a nadie. Su sangre estaba infectada.

Predicar que el sida es un castigo de la Divinidad es grotesco: no es verdad. Federico, por ser un hombre culturalmente religioso, admitió en su intimidad tal pensamiento. Pensó que Dios se había vengado de sus infidelidades, que de alguna manera, por intervención divina, quedó manchado a pesar de haber usado el protector de plástico infalible en cada uno de sus encuentros amorosos.

Despreciado por Dios, murió sin consuelo.

Dos días después de su verdadera muerte su cuerpo dejo de funcionar. Lo transportaron en un féretro muy elegante y grande. Era un día lluvioso y frío. Más que solemne el funeral fue penoso. La clase alta hizo de la escandalosa muerte de Federico un evento social. Las mujeres escogieron cuidadosamente sus zapatos para asistir al funeral y los hombres las acompañaron como las acompañan los domingos al cine.

Al día siguiente en su despacho don Federico estuvo a punto de sentir compasión por su hijo mayor. Había contemplado todo sin, aparentemente, inmutarse. Sin embargo estaba demasiado aferrado a su metal brillante como para dejar de vender plásticos infalibles. Encontró una manera de engañarse. Eso sí, desde ese día, evitaba a toda costa encarar la cifra maldita. No quería que por ningún motivo le recordaran ese 10 por ciento destinado a sacrificarse por el bien de la empresa. Ese 10 por ciento al que el plástico no le será milagroso, y que quizá muera igual que su hijo Federico.

diciembre 08, 2009

La interseción de santo Tomás

El estagirita estaba sentado en el césped (de un verde como ninguno que hay en la tierra) cuando lo vio bajar rebosante, cargado de acto. Pero hilemórfico. Se postró en tierra-todas sus aporías estaban resueltas. Abrahám, aquel judío necio tenía razón después de todo. Había venido por ellos. Él no esperaba que le tendiera la mano.

octubre 09, 2009

Jonás, el mártir


Siempre fue muy coherente con lo que pensaba. Y muy rebelde; de pensamiento libre, alejado de las garras de los curas y del sistema. El viento se sentía frío allí arriba del rascacielos.

No sintió miedo. Él había vencido al sistema. Toda verdad es relativa y el iba a demostrarlo al surcar los cielos con el poder de su voluntad.

Cuando sus compañeros anarquistas –un poco más moderados-contemplaron a Jonás con las tripas de fuera pegadas al pavimento y los huesos a la vista, nombraron al camarada Jonás el primer mártir del relativismo. Ahora cada seis de junio se celebra una pequeña ceremonia en su honor.

mayo 06, 2009

El eterno retorno

El cuello de la pistola se sentía frío al contacto con su sien derecha.
Disparó porque odiaba todo. A él mismo y a los demás. 

Cuándo despertó veía desde muchas perspectivas un trozo de excremento que se le antojaba suculento. El corazón le latía con una violencia exagerada. Intentó avanzar y tropezó pues tenía más de dos piernas; aunque no podía verlas. Se arrastró como pudo por el suelo y sació sus ansias en aquellas heces de perro.

Sintió sed. Intentó alcanzar el charco que estaba a unos metros de distancia. Solo hasta verse reflejado en el agua se dió cuenta de su situación miserable. Se odio aún más pero ya no podía matarse. Entonces descargó su ira contra los hombres. Voló de vuelta hacia el excremento y cogió lo más que pudo. Depositó unos trocitos diminutos de mierda  en el huevo frito que acababan de dejar en la mesa y se fue a importnuar otros desayunos.


agosto 14, 2008

Breve explicación de la muerte del contador el jueves por la mañana.

Hay gordos que siempre han sido gordos, que son gordos en esencia. Hoy en día algunos más positivistas dicen que son gordos por genética. Parfenio Muñoz Nieto era uno de esos. Desde chico aficionaba apapachar a su paladar con toda clase de manjares, un sudor frio empampaba su frente cuando veía a la encargada de la cafetería preparar los molletes, y salivaba como si le estuvieran saliendo los dientes cuando un espectacular con comida (no importa la que fuese) le salía al paso en la calle. Resultaba muy interesante intentar explicar como le hacía Parfis (así le decíamos en la escuela) para producir sonidos porcinescos aún cuando solo estaba comiendo gelatina. En cuanto a sus pasatiempos eran también de gordito, le resultaba penosísimo subir cualquier loma por pequeña que fuese, y el deporte le gustaba solo cuando había una pantalla de cristal entre el y los jugadores, no obstante era bastante hábil para cualquier pasatiempo que no le exigiese esfuerzo físico, apasionado de los videojuegos, el ajedrez, el trompo y el yoyo en su infancia no encontraba rival que pudiese derrotarlo en estas disciplinas (no esta de más mencionar que su personaje de calabozos y dragones, gozaba de un gran prestigio entre los jugadores locales). Debido a que todo su potencial se concentraba en habilidades sedentarias, al terminar la prepa, Parfis decidió optar por un trabajo esencialmente inmóvil y estudio contaduría pública en la universidad local, desahogando todas sus energías en su triunfo profesional.

Ya mayor Parfenio tenía un trabajo como contador en una excelente empresa que se encargaba de producir estampillas postales de la más diversa índole. Contador riguroso, Parfenio desempeñaba un trabajo brillante yendo siempre mas allá de sus responsabilidades, reduciendo los costos de producción, ayudando a la empresa a pagar menos impuestos y vigilando celosamente las compras de la misma. Lo único que la compañía hacía por Parfenio -además de otorgarle su salario religiosamente cada quincena -era proveerle una silla y un escritorio reforzados (el primer mes rompió tres sillas y un escritorio) y otorgarle vales para hacer compras en esos supermercados de mayoreo a pesar de que Parfenio era soltero. Su carácter de gordito bonachón le había ganado la indiferente simpatía de todos los empleados de la empresa y no había quién no interrumpiera sus actividades laborales para degustar un dulce en el departamento de contaduría con Parfenio.

El día de su cumpleaños número 25 mientras soplaba en la soledad las veinticinco velitas de su pastel de tres pisos, Parfenio se dio cuenta que el ser humano es tan extraño que bien puede llegar a acostumbrarse a todo, y a pesar de que sabía que podía aspirar a más profesionalmente, y que en su temprana juventud había soñado con tener una bella esposa y tres hijos, se conformo con el mediano salario que le otorgaba la compañía de las estampillas y desecho por completo sus fantasías familiares. Lo curioso del asunto es que Parfenio no sintió como si el alma le dejará el cuerpo, ni siquiera se conmovió en lo más mínimo, esto fue debido a que este cambio llevaba gestándose desde su mayoría de edad cuando le regalaron ciertos libros de ideas vanguardistas y la ilusión de su juventud se topo de frente con la realidad implacable. Decidió pues, establecerse de una vez por todas y se conformo consigo mismo, compro una serie de revistas de decoración y se presento muy firme y decidido en el despacho del canario, un amigo de la infancia que había estudiado diseño interior, para proponerle una cantidad bastante razonable a cambio de decorar su casita en las afueras de la ciudad al estilo contemporáneo minimalista. Los ahorros de su vida laboral los gasto en lo que sería de ahora en adelante un excelente santuario occidental, lo acondiciono de todas las comodidades que un gordito pudiera exigir con 6 años de esforzados ahorros , de tal manera que su transito por la vida le resultara de lo más cómodo posible. Compró una banda eléctrica similar a la de los aeropuertos, que recorría todas las arterias principales de su residencia, y para rematar, mando construir un elevador en miniatura que lo llevara del primer piso al segundo de su casita. Ya con un lugar donde asentarse poco a poco fue ideando una serie de servicios que facilitarían su vida de una manera versallesca. Contrato a un Chef profesional que le proporcionaba desayuno y comida para llevar a la oficina y todos los días lo recibía con una cena excelentísima, ya pasados algunos quilos extra, Parfenio tuvo que contratar a una persona que le ayudase a ponerse la camisa y a calzarse los zapatos debido a que su abundante barriga le impedía agacharse. Esta de más decir que todo esto nunca mermo la economía de Parfenio, que siendo buen contador, siempre calculo hasta donde podían llegar sus caprichos sin que esto le afectara a su sedentariedad.

Habían pasado 10 años cuando Parfenio se vio forzado una vez más a reflexionar sobre su modo de vida, el hecho de que el director de recursos humanos hubiese sufrido un infarto debido a su sobrepeso y el constante bombardeo de los medios de comunicación, que por esas fechas se habían consagrado a combatir la obesidad que aqueja a muchos mexicanos, hizo que Parfenio recapacitara sobre su manera de comer y que por primera vez se hiciera patente el hecho de la muerte en su vida. De un tajo y con una resolución impresionante Parfenio decidió quitarse los 125 kilos de sobre peso que le exhalo una bascula antes de reventar. El miedo a morir le causaba un miedo tan profundo que visitó a una prestigiosa nutrióloga y se puso a dieta instantáneamente. ¡Ay! si Parfenio se hubiera dado cuenta antes de las ventajas de una vida equilibrada hubiera adelgazado sus 66 kilos de sobrepeso cuando tenía 23 años sin embargo esto no sucedió y sufrió tres meses de una dieta mediterránea que le mantenía un rugido implacable entre comidas. El día que iba a ver coronados sus esfuerzos la bascula solamente marco 3 kilos de más antes de acompañar a su desdichada predecesora. En vista de sus inútiles esfuerzos la nutrióloga recomendó a Parfenio una cirugía de reducción estomacal, este después de hacer rigurosas cuentas determino que el único camino que disponía era prescindir de los canales de deportes en la televisión de paga, y cambiar la gasolina Premium por Magna, de este modo en 45 años un lapso más corto resultaba imposible. La nutrióloga afligida por la desgracia de Parfenio decidió hacer una serie de rifas y fiestas en pro de la cirugía de Parfenio el cual para estas fechas ya le resultaba penoso caminar con sus propias piernas y utilizaba un bastón de hierro sólido que comenzaba a doblegarse. Después de tres meses la cantidad fue reunida y el cirujano conmovido por la situación de Parfenio decidió no cobrar honorarios.

Debido a su tremendo sobrepeso y a que el cirujano era recién egresado de la especialidad en cirugía plástica la cirugía se complico dejando a Parfenio comatoso por tres días. El día de su triunfal recuperación, despertó ordenando se le trajese inmediatamente una tina de gelatina de limón (Parfenio era consciente que por estar recién operado no podía comer cualquier cosa).Se le presentó al momento con el consentimiento del doctor que tenía una sonrisa maliciosa mientras asentía, no había comido Parfenio mas de 10 cucharadas cuando se sintió saciado al punto del vomito. La operación había sido un éxito, la implacable hambre de Parfenio se vio extinta por la ciencia del hombre y Parfenio derroto a los 125 kilos de sobrepeso que amenazaban su salud. No tengo palabras para describir la cara de satisfacción de Parfenio al ver marcar a la tercer bascula- que por lo demás no sufrió averías- cuando esta marco: “75 kilogramos, esta usted mas sano que un chiquillo”

La nueva vida de Parfenio iba viento en popa, el dinero excedente de los honorarios médicos fue donado a Parfenio para que comprar un nuevo guardarropa, este sin hesitar se fue a Nueva York dispuesto –por primera vez en su vida- a endeudarse hasta las narices. Cuando regreso de sus vacaciones vestía de una manera completamente diferente, los colores que había escogido para sus nuevas tallas además de sentarle de maravilla le delineaban la pellejuda silueta logrando un efecto bastante agradable para las secretarias de la oficina.

Llevaba Parfenio 7 meses de su nueva vida, cuando una mañana que salía a trotar un camión de helados que iba con exceso de velocidad golpeo con el pico del cono que traía en el capote la nuca de Parfenio arrebatándole la vida instantáneamente. Margarita Berrueto, su prometida, juraba ver una sonrisa de intima satisfacción existencial en la cara de Parfenio cuando lo vio en el ataúd carente de comodidades, que sería su nueva morada hasta el fin de los tiempos.

mayo 19, 2008

El Blog de Bécquer


Click, click, click. En la barra de direcciones aparece la siguiente dirección: www.metroflog.com/Judi07

Se carga la página con fondo blanco, y la luz que despide el monitor ilumina la cara de Judith, una preciosísima niña de 16 años. Piel de marfil y ojos azules como el Caribe. Su mirada todavía inocente recorre cuidadosamente cada comentario destinado a acrecentar su ego, todos los machos, al parecer, admiran su inefable belleza y ella como toda mujer, sube a la red, encantada, cada instante capturado en el que se aprecia mejor su superioridad sobre el resto de las otras. Su boca rechoncha y aduraznada, se retuerce en una mueca indescriptible, cuando encuentra entre los comentarios de su última foto unas líneas fuera de lo común. Un tal Gustavo Adolfo Bécquer ha repasado sus fotografías y ha dejado un comentario un tanto extraño, demasiado fuera de lo común como para no dedicarle un tiempo extra. Se quita el fleco negro, que contrasta maravillosamente con su arquitectura facial y dedica especial atención al comentario de Gustavo. 


¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
En mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía eres tú.


Después de varios minutos de seria reflexión, Judith comprendió que aquellas letras encriptadas no eran si no un requiebro a sus ojos. El orgullo de Judith estuvo alimentado desde su infancia por los continuos halagos masculinos a su persona, desgraciadamente el contexto social de la pobre mujer sólo le había permitido recibir vítores sobre las partes más vistosas de su cuerpo, nunca hasta ese día le habían comentado algo a Judith sobre las ventanas de su alma. 


Agradecida y curiosa, Judith buscó con desvelo el blog de Gustavo Adolfo y comenzó a leerlo con afán. Lo demás es historia, Judith se dio cuenta que Bécquer ya tiene un buen rato muerto, y que por lo demás, no se había enamorado de él, si no de la poesía. Termino el bachillerato y estudio letras, hizo una maestría, se enamoró, se casó y subió de peso. Su piel perdió la frescura, y ya nadie aplaudía su voluptuosidad, pero su mirada se sereno y su palabra se hizo bella.


El blog de Judith expiró hace mucho, pero muchas veces en mitad de la clase, recuerda aquel día cuando leyó a Bécquer entre sus comentarios y mentalmente agradece a quien tuvo la delicadeza de sacarla de la caverna con halagos.



mayo 15, 2008

Las reflexiónes de Olegario.

Un golpe seco, bien puesto hizo que el costal se retorciera de dolor. Dos, tres, cuatro, si el costal tuviera expresión leeríamos claramente en ella que no la esta pasando muy bien. Un descarnado joven que ronda alrededor de los 16 años pone su mejor esfuerzo en detenerle el costal a Olegario. Hoy parece no ser su día. Otra vez.

Los pómulos salidos y las ojeras que todo mundo le conoce desde chico logran un efecto muy peculiar en sus ojos saltones, parece que sus ojos están en una cueva, con una ceja levantada Carlos uno de esos chavos desparpajados que les hablan de tú hasta al presidente, intenta, un poco por morbo un poco por amistad investigar si Olegario anda pegando como un campeón porque volvió a los malos pasos. Es un tema que no le gusta a Olegario, y eso lo sabe Carlos, que acostumbrado a los bruscos cambios de conversación de su interlocutor esta vez decide aplicarle la ironía socrática y esperar que Olegario se la suelte como si nada. Un leve pitido en el Casio de Olegario marca la derrota de Carlos, y acompañados de las endorfinas producidas después de un rato de boxeo regresan juntos a los vestidores.

Las casas en la colonia Arboledas 2- una colonia popular de por acá -resultan interesantes a la vista de cualquier foráneo (por lo menos la primera vez), pequeñísimas, están amontonadas una con otra como gente en el mercado, añadido esto a la sinrazón de la urbanización,( las calles están cruzadas unas con otras como en un plato de espagueti) bien podríamos comparar a la colonia con un hormiguero. Cuando uno recorre las mencionadas vías en carro, las bardas de las casas casi rozan con los lados del carro. Existe una diversidad de fachadas que bien podría ser pintoresca; unas son de block otras, de tabla roca y la mayoría de cartón; todas con una amplia gama de colores en pintura ya muy gastada.
Lo más rescatable de la colonia es “la catedral”, y es que en medio de todo el caos, la parroquia se levanta imponente ante el peso de los años y las condiciones de los alrededores. Es una construcción de los 20´s, con paredes lisas muy altas y en la parte de arriba unas decoraciones que intentan imitar un poco el estilo colonial, tiene una torre, al lado muy bonita que sigue la misma línea “colonial wanna be” y una puerta amarilla de madera tallada con unos detalles muy singulares. Si se le quisiera poner un pero a la edificación se optaría por sus colores (rosa mexicano y amarillo) pero viéndola en el conjunto, el color que podría resultar chillón no hace más que resaltar la belleza de la iglesia. Principalmente se debe a que todos los alrededores son de colores pálidos (no por elección, si no por el desgaste del tiempo a la pintura) por eso cuando uno pasa enfrente de ella, le parece que la iglesita esta viva en medio de todo lo muerto, y a más de uno le alegra el semblante. Ahora pasa un tipo con un aire solitario, el gorro de la sudadera que lleva cubriéndose la cabeza nos impide ver su cabeza rapada y su tatuaje de la santa muerte en el cuello. Se le nota cierta pesadumbre en su caminar, ya esta, su cabeza baja nos lo confirma, además cuando levantó la cara para cruzar la calle pudimos confirmar que sus rasgos: nariz ancha y corta, ojos pequeños y amenazadores y la boca -coronada por un bigotillo- torcida en una mueca de preocupación, todo esto nos indica claramente que Olegario se encuentra turbado en lo más hondo.

El trayecto a casa, después del box, resultaba para Olegario un tormento por dos motivos: Uno, porque el cansancio que casi siempre lo invadía al terminar su entrenamiento era bien patente a mitad de camino. Y dos, y el más atormentador, porque era el momento del día en que Olegario le dedicaba a reflexionar. En esos días las reflexiones de Olegario resultaban un martirio porque existía un gran debate en su corazón. Trataba a toda costa de evadirlo porque era un debate muy personal, que repercutía directamente en sus principios morales y amenazaba con transformar su vida inminentemente. Como toda persona ante un conflicto de esta naturaleza, Olegario llevaba meses tratando de ocupar su mente en otros asuntos, esa era una de las razones por las que había entrado al box, y esa era una de las razones por las que golpeaba sin compasión al pobre don saco. Todo esto le resultaba muy bien porque al llegar a casa después de tomar el reglamentario baño, apenas pegaba su órgano auditivo externo a la almohada caía en un profundo sueño que lo alejaba de los problemas de la realidad. Esta técnica le resultó las primeras semanas, cuando el box tenía ese algo de novedad y ocupaba sus pensamientos durante todo el trayecto de regreso, pero un día mientras daba vuelta en la calle 42 y la iglesita se perdía de vista, el problema regresó con mayor fuerza y convirtió en insoportables las caminatas de Olegario.

El día de hoy, por la mañana Olegario se dio cuenta que estaba en un callejón sin salida, que no podía seguir huyendo de su realidad. Así transcurrió el trabajo, pensando en que después del box enfrentaría de una vez por todas su problema, planeo con todo detalle sus palabras y lo que haría una vez terminado lo inevitable. Cuando termino el box, en el cual se mostró especialmente vigoroso, se apresuro a su casa para terminar con todo de una vez por todas. A pesar de estar extremadamente cansado, Olegario llevaba un paso exageradamente apresurado, sin embargo a mitad de camino aminoro la marcha considerablemente, tenía que mantenerse frió, no podía dejarse llevar por la ira mientras efectuaba su plan, su situación lo apremiaba y no veía el momento de verle la cara. Llevaba las dos manos en las bolsas de su sudadera y caminaba como en un estado de sonambulismo. Doblo la calle y vio la casa.

Entro sin hacer ruido y se la topó de frente. Olegario saco sus manos de las bolsas y con un movimiento brusco, abrió el pedazo de papel donde tenía anotados los puntos que quería tocar.
Espero que me disculpe mi atrevimiento por leer cosas que no me corresponden pero resulta imprescindible para el desarrollo de la historia hacerle saber lo que decía la carta de Olegario. Sin embargo, para respetar un poco el pudor metafísico de mi personaje me limito a resumirle los tres puntos que Olegario apasionadamente plasmó en un papel de reciclaje:

Eres inaceptablemente egoísta. Odio a tus papas. Ya no siento nada por ti, me largo.


Se encontraba a punto de entregarle la nota a su mujer cuando el sonido del carro de bomberos de Olegarito le recordó la existencia de tal, de inmediato, como lo había previsto, todo el remordimiento que Olegario llevaba amotinando desde que planeo lo que en estos momentos ejecutaba, empero este se manifestó de una manera mucho más estridente de lo que esperaba. Le arrebato el papel a su esposa y se lo comió, a continuación le regalo un beso apasionadamente fingido y le aseguro que la nota solamente decía cuanto la quería. Olegario abrazo a su hijo, jugó un poco con él al futbol, se bañó y se durmió. El día siguiente, después del box, la batalla comenzó de nuevo.